“En algún momento nos equivocamos y estudiamos más la enfermedad que la salud. Durante mucho tiempo la psicología se ha centrado en el tratamiento. Ha llegado el momento de pensar en las vacunas”.
Enrique García Fernández-Abascal es Catedrático de Psicología de la Emoción y la Motivación en la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia), con sede en Madrid. Lleva más de treinta años dedicado al estudio de las emociones. Comenzó su carrera en el mundo académico en la Universidad Complutense de Madrid. Después pasó una temporada en la Universidad de Cantabria y cuando en el año 2000 le ofrecieron impartir una nueva asignatura en la Facultad de Psicología de la UNED regresó a Madrid.
Comenzó trabajando en el campo de las emociones negativas: estrés, miedo, asco… bajo la premisa de que las emociones son vitales, cuando funcionan mal nos impiden vivir, son como un motor. Durante años ha centrado su interés en la investigación de la influencia de las emociones negativas en la salud y en el desarrollo de enfermedades y problemas de salud. Dentro de esta línea decidió organizar una serie de cursos en Ávila, dentro de los ciclos de verano que cada año ofrece la UNED. Verano tras verano Enrique García Fernández-Abascal coordinó diferentes encuentros en los que se hablaba del mundo de las emociones… negativas. Pero allí se lo pasaban tan bien y se generaba un ambiente tan sano y positivo entre profesores y alumnos que un año decidió dar un giro radical a los temas, ¿por qué no hablar de la otra cara de la moneda? Desde entonces, Enrique es un enamorado de todo lo que tiene que ver con emociones positivas; sus cursos de verano son una de las mejores ofertas españolas para formarse dentro del campo de la psicología positiva y año tras año son todo un éxito de público y de satisfacción entre los asistentes, muchos de los cuales suelen repetir un verano tras otro. Aquí se ha hablado y se habla de inteligencia emocional, optimismo, felicidad, creatividad, resiliencia…
Enrique García Fernández-Abascal ha llevado a cabo numerosas investigaciones longitudinales sobre el impacto de las emociones negativas sobre factores de salud. Desde hace 15 años coordina un estudio longitudinal en el que sigue a un grupo de pacientes midiendo afecto negativo e infartos de miocardio. Pero en los últimos años decidió cambiar el chip y añadir factores de protección. Le interesa determinar qué características tienen las personas que no se han infartado. Se trata, ahora, de potenciar las cosas buenas más que paliar las cosas malas y de determinar cuál es la capacidad de predicción no sólo de los afectos negativos sino también de los positivos. Se comienzaa investigar, incluso, sobre un posible crecimiento postraumático tras sufrir un infarto de miocardio. (Investigación llevada a cabo junto a Begoña Oiz).
Una de las primeras emociones positivas que le interesaron fue la creatividad. Publicó un estudio sobre la influencia del afecto sobre la creatividad que presentó en uno de los congresos de la Asociación de Motivación y Emoción, de la que él es fundador y director. Los resultados del estudio que llevaron a cabo demostraron que el afecto positivo mejora la capacidad de resolución de problemas creativos, aunque el afecto negativo no dificulta ni genera problemas en este mismo área.
Entre las investigaciones que Enrique García Fernández-Abascal está llevando a cabo en la actualidad destaca la que tiene que ver con la inteligencia emocional en relaciones de pareja, basada en la teoría de Sternberg. Los estudios han demostrado que aquellas parejas en las que los dos miembros cuentan con altos niveles de inteligencia emocional son más duraderas y felices.
Otra de las áreas en las que Enrique investiga actualmente es el entorno laboral de la empresa. La evidencia científica nos indica que crear un clima positivo en la empresa aumenta los niveles de productividad y la satisfacción de los trabajadores. Partiendo de esta premisa, sus investigaciones se centran en el seguimiento semanal de equipos de trabajo, monitorizando la oscilación del clima de trabajo en una empresa con el fin de prevenir la aparición de climas viciados para poder llevar a cabo intervenciones tempranas.
Durante este mes de diciembre sale publicado su último libro titulado Emociones positivas (Pirámide, 2008). En su labor de editor ha invitado a participar en esta publicación a académicos de la talla de Carmelo Vázquez Valverde, Pablo Fernández Berrocal, José Antonio Carrobles o Itziar Etxebarría Bilbao. El libro nos ofrece temas tan jugosos e interesants como la alegría y la felicidad, el amor, la educación para la felicidad, la amistad, la neuroanatomía de las emociones positivas…
Este libro servirá como manual del curso Emociones positivas que imparte a distancia en la UNED. Desde noviembre a mayo, un interesante temario centrado en las emociones positivas con la realización de una tesina final. Interesantísima formación. El objetivo central del curso es que el alumno comprenda la importancia que las emociones positivas tiene en todas las áreas de nuestra vida.
Enrique imparte clases en la UNED de la asignatura Motivación y Emoción. Aprovecha para meter temas que tienen que ver con las emociones positivas y siempre propone prácticas a sus alumnos orientadas hacia este campo. A los alumnos les encanta y disfrutan mucho con este tipo de ejercicios. Son temas que gustan mucho y que año tras año son un éxito entre los alumnos. En el libro básico que sirve para estudiar la asignatura encontramos emociones como la sopresa, la alegría, el humor, la felicidad y el amor, así como un tema completo dedicado a la inteligencia emocional.
El contacto constante con el entorno académico le permite constatar que existe un enorme interés por los temas positivos entre las nuevas generaciones de psicólogos que acaban de terminar la carrera. Es profesor en diferentes doctorados en la UNED, la UCM, la UAM… y son cada vez más los alumnos que quieren enfocar su tesis doctoral hacia este campo.
Enrique llevaba ya varios años trabajando con emociones positivas cuando escuchó hablar por primera vez de la psicología positiva. Para él fue una gran alegría comprobar que por fin se le daba imporancia a este lado de la psique humana. Y aunque Seligman se ha centrado más en el análisis de rasgos, en la psicología positiva un pilar fundamental es la emoción positiva. Barbara Fredrickson una de las investigadoras en emociones positivas con las influencias de la veterana Alice Issen que lleva décadas investigando en torno a ellas. “Fredrickson es una especia de Goleman pero con sustancia“.
La psicología positiva nos ha ayudado a recordar la importancia que tienen las emociones positivas no sólo en la prevención de enfermedades sino también para atenuarlas y para lograr una recuperación más rápida. “Las personas que disfrutan de la vida y potencian afectos positivos tendrán mejores pronósticos que las que no lo hagan“.
La regulación de emociones es un proceso clave de todos los afectos positivos de las emociones. El afecto positivo es un buen regulador del afecto negativo. El futuro de la psicología en general y del campo de las emociones en particular avanza hacia este punto, la inteligencia emocional o capacidad de regular las emociones. El afecto positivo resta al negativo. “En algún momento nos equivocamos y estudiamos más la enfermedad que la salud”. En su opinión la causa de la excesiva orientación patologicista de la psicología empieza en el DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), la Biblia de la Psicología que ha incrementado entre 1952 y 1994 en un 280% la enumeración de los trastornos mentales. El DSM es el libro más leído en psicología un auténtico best-seller dentro de la profesión.
Una de las áreas de trabajo que más gratificante se le hace es el estudio con bebés que lleva a cabo en colaboración con Paco Martínez de la Universidad de Murcia y Mariano Choliz de la Universidad de Valenc. Las emociones básicas aparecen a los tres meses y a los seis los bebés ya son capaces de regular sus emociones; además, en esta edad ya se observan muchas diferencias emocionales entre distintos bebés, ya hay niveles diferentes de inteligencia emocional durante este periodo tan temprano de la vida.
De su investigación con bebés se desprende que el cerebro humano es muy plástico, pero mientras que el afecto negativo viene de serie, todos nacemos con él, el afecto positivo hay que aprenderlo. Esta circunstancia genera una clara ventaja para las personas y es que como nuestro repertorio de emociones positivas no viene cerrado podemos aprender a disfrutar con cualquier cosa; de ahí que el campo educativo sea tan importante en la felicidad. El afecto positivo se desarrolla fundamentalmente entre los tres meses y el años; es aquí donde se puede educar y donde se debe dedicar tiempo y atención a las emociones positivas.
A pesar de todo, Enrique recalca que las emociones positivas pueden ser adictivas si no se tiene cuidado. El futuro también pasará por estudiar los efectos negativos de las emociones positivas, y la línea básica en este sentido parece ser la adición potencial que causan. Siempre se han estudiado emociones positivas de baja intensidad, pero ¿qué ocurre con las emociones positivas de alta intensidad? Sabemos, por ejemplo, que causan sesgos cognitivos, atencionales y de memoria (el amor, en la etapa del enamoramiento es un claro ejemplo de ello). Tanto las emociones positivas como las negativas en altas intensidades y mantenidas en el tiempo tienen efectos similares negativos. De la misma manera, aún no se conocen patologías asociadas a las emociones positivas. Esto es porque el afecto positivo no dura tanto, tiende a volver a su estado base mucho antes que el negativo, que tiende a cronificarse. La ludopatía puede ser un caso de adicción. Es importante no mitificar el efecto positivo de las emociones positivas. No todo el afecto positivo es beneficioso y desde luego no es en ningún caso una panacea para resolver todos los males de la humanidad.
Para leer:
. García Fernández Abascal, E. Emociones positivas. Pirámide, 2008.





